¿Es posible confiar en Dios?
By Rvdo. Koheleth Pereira
A pesar de ser conscientes de que Él nos ama, nos escucha
y contestará nuestras oraciones. ¿Como llegamos a concluir esto? ¿Como podemos
estar seguros de que es así?
OBVIAMENTE ES CIERTO, Dios nos ama y lo a demostrado tal como indica San Juan 3:16-18.
¿Pero cuál FUE el camino que tuvimos que recorrer para llegar
hasta esta certeza? ¿Como pudimos creer en Dios?
Son los pequeños pasos que damos antes de cocinar un
plato que nos gusta, lo que cuenta para disfrutarlo y saber que está bien
hecho.
Son todos los días de estudio y tareas escolares, lo que
nos permite valorar el graduarnos del colegio.
Es el esfuerzo diario, lo que nos permite tener paz
cuando tenemos que jubilarnos y disfrutar la vejez.
La vida esta llena de pasos, pasos que tenemos que dar. Y
no es que nosotros hemos fabricado este camino de salvación y certeza, de que podemos
confiar en Dios.
Todo a iniciado en EL. Dios a dado el primer paso, por
eso podemos responder con fe a su invitación a seguirle.
Para Tomar la cruz cada día y negarnos a nuestros deseos,
es necesario creerle.
Por lo tanto, podemos confiar en Dios, porque El así lo a
querido. Hay una historia detrás de nuestra salvación, una historia que
desconocemos mientras seguimos perdidos en nuestros delitos y pecados. Pero
cuando somos salvados nos es revelada para que tengamos confianza en Dios, sin
titubear.
Los pasos para nuestra salvación ya han sido dados por El
con una eternidad de anticipación. Es así que nosotros podemos creer en Cristo
porque Dios así lo ha planeado.
A partir de nuestra conversión, las escamas de nuestros
ojos se caen y podemos ver la vida como es, conocemos y apreciamos lo que Dios
a hecho por nosotros.
Porque ahora creemos, por eso podemos seguirle.
Esa chispa, esa dadiva que nos fue dada para poder creer
y pedirle que nos salve es por pura gracia, un don que no merecemos. Pero Dios
quiso hacerlo por amor.
Ahora los pasos que tenemos que dar son para afirmación
de nuestra vida con Jesús, no para salvación sino para mantenernos en obediencia.
Una vez que queda claro que los caminos de la vida no son
como pensamos, sino como Dios a planeado. Podemos confiar que Jesús nunca nos
defraudará. Ni lo ha hecho ni lo hará.
A la pregunta ¿Es posible confiar en Dios?, debemos
responder: ¡ABSOLUTAMENTE SI!
Porque, así como dije antes al mencionar, los pasos que
damos para preparar un plato de nuestro agrado, el sacrificio diario de las
tareas escolares y todo lo previo a la jubilación. Esa satisfacción que
sentimos al mirar atrás recordando el esfuerzo y dedicación. Así mismo, ahora
entendemos todo detrás de la historia de nuestra salvación. Dios estuvo cerca,
emocionado con el día de nuestra salvación. Su amor estuvo entretejido en cada
detalle para esta nuestra, por decirlo así, graduación.
La diferencia es que El estuvo consciente de toda esta
etapa, de esta transición. De todo el proceso mientras se iba dando, paso a
paso. Nosotros no fuimos consientes de esta trayectoria porque el pecado nos
tenía ciegos.
Dios se mantuvo Vigilando los detalles, sufriendo con
nuestras agonías, suspirando con profundo anhelo y la mirada en el momento de nuestra
conversión. Como lo hace un padre cuando se esfuerza para que sus hijos
estudien y se gradúen. Los hijos no entienden como los padres vemos ese viaje
de su vida estudiantil, ni cuando se gradúan lo entienden. Así tampoco
nosotros, no vemos ni entendemos como Dios cumple Su voluntad mientras andábamos
perdidos en el pecado.
Ahora que hemos sido salvados, nuestros ojos son abiertos
y entendemos cuan grande es nuestra salvación. El costo del perdón de nuestros
pecados, ósea los pasos previos para la persona que somos ahora.
Dios nos manda a que seamos conscientes de su providencia
y tambien imitemos su ejemplo. Dios quiere que al igual que el, tambien demos
pasos para afirmar la salvación y llevarla a otros. Paso a paso, día a día.
Así es como miro el evangelismo intencional en cada
entorno donde vamos y estamos. Confiar que Dios hará como Él quiere es ya un
plan en sí mismo. Dios ya tiene algo en mente. Es más, siempre tiene algo rondando
en su cabeza.
Por eso es posible confiar en
Dios. Porque El conoce muchas cosas, ¡él lo sabe todo!
Por eso debemos invertir tiempo valioso en planificar, al
menos alguna idea de donde estoy y que voy a hacer. Tener un plan es una buena
idea, y una vez que tenemos una sencilla planificación. Nos lanzamos a la tarea
de poner por obra, esta lealtad que tenemos en Dios por los pasos que ha dado
para salvarnos. Dios nos ha dado fe, por eso debemos estar seguros de dar esos
pasos hacia la construcción de la salvación de otros. Todo empieza confiando en
Dios. Imitando sus ideas y planificando como el lo hace. Así como el tuvo un
plan para nosotros, justo ahora lo tiene para otros.
Nosotros somos sus obreros, y El es el gran edificador y reparador de hogares
lastimados. Las personas no basan sus vidas en Dios y están prolongando su
renovación. Ellos no entienden que necesitan ser salvados por Cristo. Intuyen
que algo pasa, pero necesitan cambiar su desconfianza en confianza. Pero ¿cómo
lo harán si los obreros perdonados no estamos ocupados en la obra de Dios?
El Espíritu Santo tiene muchas ideas
ahora mismo, en las cuales está pensando y dedicando tiempo a llevar por obra.
Cada vez que nuestra perspicacia es despertada solemos
pensar que se nos ha ocurrido algo grande, una buena idea, pero en realidad es
Dios quien nos esta hablando al oído y llevando nuestra voluntad a emprender en
ello. Eso pasa porque ya estamos habilitados en la rutina de confiar. Ya no
somos incrédulos, que es otra palabra para decir desconfiados. Cuando rompemos
la barrera de la “fe en reversa”, ósea creer hacia atrás en lugar de hacia
adelante, la comunicación con Dios fluye naturalmente, mas fácil diría yo. Es como
si ya supieras lo que hay que hacer. Por supuesto me refiero al hábito de
confiar en Dios, le creemos a El con facilidad, no somos negativos ni quejones.
Me parece que es cosa del Espíritu Santo proveer este aceite que de alguna
forma facilita el vínculo de la confianza. Talvez los roces con otras personalidades
de temperamentos insoportables desgastaron nuestra salud interior. Por eso me
atrevo a afirmar que es el Espíritu Santo en su forma de aceite quien lubrica esas
partes dentro de nuestro espíritu humano para que no rechinen como una puerta
sin aceitar. Precisamente a eso me refería cuando mencionaba que debemos
trabajar en la construcción de la salvación de otros. Pues cuando la confianza en
Dios fluye naturalmente, es más fácil lidiar con personas difíciles. Ya sabemos
de que va el plan de Dios con sus vidas, recordando cómo y cuánto costó nuestra
salvación.
Como siempre digo: “si hay confianza, no hay rebeldía”
¿Porqué, de que vale desmenuzar algunos aspectos de
nuestras vidas desde la clave de la confianza en Dios, si vamos a soltar el
esfuerzo con resentimientos innecesarios? ¿Pararemos la obra habiendo iniciado el
día, por este asunto o aquel?, los desacuerdos desinflan el ánimo, enojan a los
novatos y causan el hazmerreír de los espectadores.
¡Confiar que Dios hará como Él quiere es un buen plan!
Pelear entre los que son llamados a hacer lo mismo,
siempre a estado de moda. Pero los desacuerdos se solucionan analizando las
tres primeras letras: D.E.S. “debes estar sujeto” al acuerdo.
Nunca nos ha gustado estar sometidos a la autoridad, pero
el tiempo que inviertes en pensar en esta incómoda idea, te desgasta y enfría en
tu propósito inicial. Lo que bien empezó con un fulgor espiritual
impresionante, puede ser apagado por los desacuerdos con tus compañeros de
jornal. Aquí es donde toca probar nuestro corazón y recordar que, si Dios fue
capaz de soportarte hasta el día de tu salvación, porque no podemos confiar en
el acuerdo que El ha hecho con nosotros.
Por la misma razón que no hay más de
un presidente en cada país, así mismo solo hay un Dios al cual rendimos nuestra
voluntad y adoramos con nuestra lealtad.
Debemos estar sujetos al acuerdo con Dios, el llamo a
algunos antes que a nosotros y a otros llamará más tarde. Pero a todos acordó el
mismo salario. Trabajar para Cristo por gratitud a salvación tan grande. Estamos
atados a su voluntad para con nosotros. No hacemos lo que queremos ni como nos
da la gana. Dependemos de El para nuestra sagacidad diaria. Dependemos de El
para todo, incluida nuestra salud, provisión y familia. Aunque su trato es amoroso,
no es menos cierto que El es la autoridad máxima y nadie quiere ser sorprendido
robando a escondidas al dueño de todo lo que existe.
Si otro jornalero, al igual que nosotros, deja entrar envidia
en su corazón. La obra se para. No avanza. La construcción de la salvación de
otros no es acto heroico, es obediencia. Trabajamos para Dios de buena gana,
pues es El quien da a quien El elija la sagacidad y valentía.
Por eso digo que mientras las
personas que nos rodean buscan super héroes, Dios capacita a quien Él quiere
con las habilidades que Él quiere, para la obra que Él ha planificado.
No somos esclavos maltratados, ni capataces de nuestros
hermanos de la fe. Somos trabajadores en la empresa de Dios. Bien pagados y
tratados con alta estima y dignidad. Ya no estamos en Egipto, símbolo de
esclavitud, estamos en Cristo. Una nueva dimensión de vida, con los privilegios
de hijos, pero tambien con la responsabilidad que eso conlleva. Jesús es un rey
bueno, que gobierna nuestro corazón. Jesús no es un rey malo, opresor ni
sanguinario para con su pueblo. Mitiga nuestro dolor, socorre al afligido, hace
justicia al agraviado y sana al enfermo.
Dios es bueno y nos llama a empaparnos de la verdad.
Jesús sostiene todo lo que existe. Eso incluye demostrar paciencia cuando
nuestra fe tambalea. Cuando somos arrinconados por el enemigo a las cuerdas del
cuadrilátero de la vida y somos golpeados por la violencia del infierno.
No estamos solos, esa es la verdad, y el enemigo lo sabe
por eso nos ataca a la mente y al corazón, para debilitar nuestra fe en Cristo
y así parar la construcción de la salvación de los demás.
Por eso Dios siempre pone a líderes que han pasado la
prueba para dirigir al pueblo santo. Dios coloca a hombres y mujeres llenos del
Espíritu Santo con mucha sabiduría para conducirnos en esta maravillosa obra de
edificar la vida de quienes nos rodean. Dios elije, capacita y da todo el
entrenamiento que necesitamos para trabajar en Su Reino. Nuestros sentimientos
pueden estar dispersos por cosas que nos ocurren o no entendemos y el contacto
con aquellos a quienes queremos ayudar a salir de las tinieblas nos puede
seducir. Por eso necesitamos guía y
control, si estas cualidades faltan nos perderíamos y haríamos mucho daño a
quienes intentamos rescatar de las tinieblas.
Por eso debemos estar sujetos al acuerdo que Dios ha
hecho por medio de Cristo con toda la humanidad sellando un nuevo convenio. Hoy
y ahora nuestra obediencia a Dios es por amor. Somos obedientes a Jesús porque
El nos amó primero. Hacemos todo lo que nos pide porque se ganó el derecho,
muriendo en la cruz por nosotros. No hay amor mas grande que el de Jesucristo. No
existe otro líder como El, que siendo Dios asumió nuestra forma para
entendernos, atraernos a Él y consumó su amor por nosotros en la muerte
violenta de la crucifixión. Otros reyes, líderes o personas en autoridad exigen
por la fuerza obediencia, sumisión y lealtad. Usan la ley civil y situaciones
políticas para asegurarse el poder y la aclamación popular. Jesús se humilló y padeció
bajo los poderes de este mundo para demostrarnos que hay otra forma de vivir y
morir, esto es: CONFIANDO EN DIOS. Pese a todo y a pesar de todo, ¡SI PODEMOS
CONFIAR EN DIOS!
Nada nos lo impide, solo tenemos que entrar al
entrenamiento de Dios para vaciar nuestro orgullo legado por la intromisión del
pecado a nuestra naturaleza humana. No hay lugar para ser una persona pedante
cuando estamos en la presencia de Dios. Sus manos nos acogen con paciencia y
trato tierno, un cariño que solo es posible, único e inigualable cuando viene
directamente de Dios.
Planificar para que las cosas salgan bien, es necesario. Con
todo Dios siempre se reserva de actuar como Él quiere, aunque esto signifique
cambiar toda nuestra agenda. El es Dios impresionante y amoroso. El sabe lo que
es mejor para nosotros en todo tiempo, por eso debemos confiar en El sin
reservas.
Proverbios
3:5-8 Traducción en Lenguaje Actual
5 Pon
toda tu confianza en Dios
y no en lo mucho que sabes.
6 Toma en cuenta a Dios
en todas tus acciones,
y él te ayudará en todo.
7 No te creas muy sabio;
obedece a Dios y aléjate del mal;
8 así te mantendrás sano y fuerte.

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