LECTURA BIBLICA
Somos cristianos en una cultura que no lee, no cree y es orgullosa.
Es el gran desafío del trato con el pecador. Amarlo,
instarlo, animarlo y provocarlo a venir a Dios, a la experiencia de un
encuentro personal con Jesucristo.
Inicié hace pocos días mi plan intensivo de lectura bíblica,
en tres meses deberé haber leído toda la Biblia. Y es impresionante como mi
cabeza está saturada con el delicioso trajín de guardar en mi corazón la dulce Palabra
del Señor.
La concentración exige tiempo y sacrificios, como el
dolor de cabeza, el ardor de los ojos y la abstinencia de los distractores modernos.
Pese a ello, gracias a la habilidad de lectura rápida y
comprensión lectora, voy a buen ritmo. Adelantando inclusive la lectura de los capítulos
correspondientes a este fin de semana.
Este esfuerzo mental no le gusta a mi naturaleza
pecadora, pues la estoy matando de hambre. Estoy privando a mi carne de todos
sus gustos vanos y me estoy centrando en hacer tesoros en el cielo.
Que bueno es Dios, que me da la oportunidad de rendirle
justo homenaje a Él, su obra redentora y su gracia inagotable.
Los beneficios ya se están dejando ver: paz,
tranquilidad, confianza, actitud positiva, mente limpia, sensación de ternura y
madurez. En resumen, me siento muy bien.
La pregunta es: ¿por qué no empiezas a releer tu biblia
hoy mismo?
Te animo a encontrarte con Dios leyendo Su Palabra y
asumir con valentía el desafío de mantenerte enfocado en este compromiso.
Me das tanta sabiduría
que no soporto la mentira.
¡Tu palabra es para mí
más dulce que la miel!
Salmos 119:103-104 Traducción en lenguaje actual
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