La iglesia, el pueblo en la mitad de dos bandos.

 
1 Pedro 2:9-11 Nueva Biblia Viva

Pero ustedes son una familia escogida, son sacerdotes reales y son una nación santa. Son un pueblo que Dios compró para que anuncien sus obras extraordinarias; él fue quien los llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. 

10 Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; antes no habían tenido compasión de ustedes, pero ahora ya les tienen compasión.

11 Queridos hermanos, les pido, como si ustedes fueran extranjeros y estuvieran de paso por este mundo, que se mantengan lejos de los malos deseos que luchan contra la vida.

La crisis social actual en nuestro país a tentado a los cristianos a olvidar quienes son y actuar visceralmente. No solo es un pecado en el que han incurrido los romanistas, sino muy a mi pesar también los evangélicos.

Su adherencia al gobierno o a los rebeldes en las calles deja una imagen desastrosa de nuestro Rey. La crisis actual de Ecuador no puede mirarse desde la clave de los “oprimidos vs. opresores”, sino mas bien de como el Reino de Dios esta visible en este momento y cobra realidad las enseñanzas recibidas a lo largo de tantos años que nos preceden como iglesia cristiana en Ecuador.

¿Para esto invertimos tantos años de asistir fielmente a nuestras congregaciones e invertir tiempo en enseñanzas bíblicas, discipulados y catecismos para luego venir a “fregarla” apoyando al gobierno o a los disidentes?

¿Qué parte no entendimos de que nuestra ciudadanía está en los cielos?

Claro, algunos objetarán que no me duele el sufrimiento del pueblo y otros  replicarán que bíblicamente tenemos que someternos a las autoridades.

En esta coyuntura política, los dos bandos están claramente en oposición a Dios y eso les trae las consecuencias tan notorias hoy de insensibilidad los unos por los otros.

Los rebeldes disidentes contra el gobierno (y por ende contra Dios) han salido desaforados a relucir todo el odio que llevan dentro de sus corazones, traducido en vandalismo, violencia contra la propiedad privada, usurpación de autoridad para hacer solo lo que la autoridad legalmente establecida tiene facultado a hacer.

Amenazando a la población con destruir sus negocios si se niegan a cerrarlos, arengas hostiles contra la autoridad elegida en democracia, atemorizar a mujeres y a niños, saqueos, insultos contra la población civil y claras demostraciones de agresión contra la sociedad, policía nacional y militares.

Razones tienen de sobra para este sentimiento de indignación popular, por supuesto. Pero la violencia contra la autoridad y la creación de Dios, no es la forma ni el ejemplo que deben heredar a las generaciones que vienen con sus hijos y nietos.

Las luchas populares solo tienen su razón de ser cuando el pueblo descaradamente abandona a Dios y le da las espaldas en todas las áreas de la vida.

Separando, inútilmente, una forma de vida los domingos en el culto/misa y otra forma de comportamiento opuesta el resto de la semana.

Este comportamiento traería consecuencias, pero ignoraron a Dios a través de sus predicadores/iglesia en cada cantón del país.

Al pueblo se le anunció vez tras ves y por todos los medios posibles que: ”si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.2 Crónicas 7:14

Pero no hicieron caso, una vez más y de forma descarada ignoraron el consejo divino y eligieron sus propios ídolos de carne y hueso, hombres y mujeres perversos con ansias de poder para que los gobiernen.

Pero hoy se vuelcan a las calles a violentar el medio ambiente, atacar negocios y ultrajar personas. Su indignación es tal que ignoran el más mínimo sentido común.

No se dan cuenta que la raíz de la problemática social actual no empezó con el presidente Lasso, ni con Moreno o Correa. Empezó mucho antes, en la idolatría arraigada en sus corazones y ejecutada por sus mentes desprovistas de la reverencia al Señor, aquella que se nota y no la de labios para afuera.

Ahora, sería injusto mirar solo a las horripilantes acciones de los rebeldes y no analizar el comportamiento del gobierno.

Cada gobierno de turno ha hecho y desecho con el país seducidos por la droga del poder, ¿quién quita en este justo momento que el gobierno que venga no padecerá de la misma codicia diabólica?

La clase política que ha gobernado el Ecuador solo tiene acceso (si acaso lo tiene) a una espiritualidad cristiana institucionalizada y no a la que realmente vive el pueblo. Una vez entronados en el poder se olvidan de los votantes, de los pobres, de lo que creen y anhelan. Gobiernan para los poderosos y pisotean toda esperanza de justicia.

El gobierno debe reestructurarse desde la clave de la ética, con temor al Dios vivo y asumir las consecuencias de convertirse a Cristo, renunciando a sus delitos y maldades.

¿Señores gobernantes es acaso imposible gobernar con justicia para todos?

¿Señores disidentes que tiene de malo someterse a la ley elegida en democracia?

Gobierno y disidentes tienen una deuda con la nación, el pueblo ecuatoriano sufrido y violentado.

Gobierno y disidentes tienen la obligación moral de abandonar el orgullo y sus ansias de poder. Doblegarse al diálogo pacífico y mirar más allá de sus ideologías latifundistas.

Gobernar ignorando las necesidades reales de los pobres no es sabio, ni tampoco el costo de la reactivación económica tiene que pagarla únicamente los que menos tienen.

En medio de todo este caos mediático y confusión moral, el rol de la iglesia no es apapachar a unos y alimentar el odio contra los otros. Las divisiones de clases solo le sirven al marxismo cultural para erigirse como el nuevo ídolo de las masas. Mientras peleamos entre ecuatorianos las fuerzas obscuras no paran su avance contra nuestra nación en el afán de destruirla desde adentro.

La iglesia, somos el pueblo que esta en la mitad para traer paz. Para establecer el Reino de los cielos en el corazón de cada ecuatoriano y asegurarnos que no se descarríen. Los cristianos no fuimos llamados a incitar al pueblo contra el gobierno.  Nos afecta, claro está, pero Dios le a dado el poder por el Espíritu Santo a los cristianos para mediar con su autoridad en este conflicto y guiar tanto a los rebeldes como a los gobernantes.

No depende de nosotros las consecuencias, solo el afirmar nuestra identidad como pueblo escogido por el Señor para anunciar sus maravillas y proezas.

La iglesia siempre la ha tenido dura en su rol, pero no a sucumbido al poder de los gobernantes ni de los entes espirituales de maldad.

Jesús nunca incito a los discípulos a la violencia contra el imperio romano.

Cristianos que no se nos olvide nuestra identidad y rol en esta coyuntura política. No somos ni de aquí ni de allá. Estamos en este mundo, pero no le pertenecemos a él. Nuestra ciudadanía está en los cielos, en la anhelada patria celestial. Mientras vivamos, anunciaremos a Cristo, príncipe de paz, obedeceremos la ley y socorreremos al pobre y desvalido.

La única causa legal para rebelarse contra el gobierno, es cuando este nos incite/obligue a adorar a dioses extraños. Mientras tanto debemos soportar con santa paciencia nuestro peregrinar en este mundo y su naturaleza caída, siendo testimonios reales de Cristo resucitado. Quien vino a salvar a todos los que se habían perdido (incluidos gobernantes y disidentes) y destruir las obras del diablo. (incluidos gobiernos opresores/ insensibles y a la rebeldía popular).

La iglesia, el pueblo en la mitad de dos bandos.

 

 

 

 

 

 


 

 

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