⚠️Nuestros jóvenes⚠️

Con respecto a la dirección de la juventud en nuestras comunidades eclesiásticas, siempre le quedamos debiendo a quienes la Biblia nos enseña que son vigorosos y llenos de energía.

Solo basta recordar cuando éramos jóvenes y también nos gustaba que nos presten atención. Vivimos con miedo de las cosas que escuchamos y cómo afectaría sus vidas, pero no somos niñeras ni guardería. No estamos a su cuidado en el sentido de una paga por atenderlos para que no molesten a sus padres.

 

Básicamente los jóvenes tienen la habilidad hormonal de oler a distancia la hipocresía y detectan con mucha destreza cuando un líder finge. Es parte de su naturaleza social y fisiológica.

 

La mayoría de liderazgos quiere contender, pero no amarlos.

Quieren contenerlos, pero no edificarlos. Trasquilarlos, pero no enriquecerlos. De allí que la juventud de nuestras filas eclesiásticas se sienta y auto perciba como desechable.

 

En suma, nuestras Iglesias latinas funcionan con mentalidad de nana/niñera y no se apoyan en la integralidad que produce ejecutar una pastoral juvenil con la sabia asociación entre Dios, liderazgo y padres.

 

Así lograríamos que la sociedad se involucre y no que se aparte de las Ekklesías locales.

 

Los jóvenes de nuestras iglesias, no son tontos, al contrario, son muy hábiles en varias cosas y pueden llegar a optimizar sus responsabilidades si los tratamos como son, con respeto y demostremos interés en sus dilemas, que aunque lo neguemos, también son los nuestros por más maduros que pretendamos ser.

 

Otro problema estriba sobre la rigidez de las comunidades eclesiásticas, la extrema fijación sobre una sacralización del culto de domingo y de las actividades de “la iglesia”. Ayudando a fijar en nuestro imaginario colectivo, que solo en el edificio eclesiástico se desarrollan las “cosas santas” y fuera de ellas las mundanas.

 

Al parecer, seguimos entorpeciendo la vitalidad que constantemente quiere darnos el Espíritu Santo, pues nos institucionalizamos y perdemos el norte. ¡Valla, la razón misma de nuestra existencia!

 

La vida debe girar en torno a Cristo, no alrededor del edificio eclesiástico. La dinámica la otorga el Espíritu Santo, no nuestros bien elaborados planes de trabajo.

 

Hace tiempo que el diablo ya no asusta ni perturba con shows escalofriantes, pero si desvía nuestra atención hacia varias actividades buenas que nos desenfocan del plan de Dios para uno y como pueblo santo.

 

En resumen. Debemos ser sensibles a las necesidades reales de nuestros jóvenes.

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