Mi biblia y yo, disfrutando caminar con Cristo. Parte 2
Si las cosas no están
saliendo como esperamos, el sentido común nos dice que debemos seguir
insistiendo. Tocando puertas y trabajando, pero eso todos los sabemos. ¿En que
nos diferenciamos, cual es el plus que nos asegura ser de Cristo y que eso
marque una diferencia?
Ya les compartí el día de ayer, la realidad del sufrimiento (San Juan 16:33 DHH) y cuál debe ser nuestra actitud frente al desconsuelo. Esperanza.
Nosotros no vivimos lamiendo heridas del pasado ni en una actitud de resignación. El miedo es anti-fe, y nosotros no somos de los que creen en reversa, más bien somos ejemplo a los demás que a pesar del dolor, sufrimiento y caos, permanecemos en Cristo, amándolo y siendo ejemplo de permanencia en medio de las dificultades.
Por eso, hoy quiero que continuemos nuestras lecturas guiadas. Paso a paso, despacio, pero sin pausa. Así vamos a ir aprendiendo a caminar con Cristo. Mientras examinamos versos o pasajes de la Biblia y los comentamos brevemente.
Oremos: “Padre Santo gracias por darme vida y aceptarme como hijo tuyo. Dame
fuerza y valor para continuar aprendiendo a caminar contigo. Con amor he aquí
tu hijo, amén y amén.”
Leamos el verso 5. Por su amor, nos había destinado a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, hacia el cual nos ordenó, según la determinación bondadosa de su voluntad.
Esto significa que Soy hijo de Dios y El me acepta como suyo. “Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.” Juan 1:12 DHH. Esta es la evidencia, así como suena, fácil y sencillo de asimilar.
Por otro lado, ser aceptado como hijo en la familia de Dios, también significa que no soy ningún desconocido. Como el que se sienta al ultimo en la clase o en la ultima fila en el cine, tratando de evitar a los demás. Soy visible porque soy hijo del Rey del Universo. No estoy abandonado ni mendigando amor, a merced de las personas manipuladoras. Ser aceptado como hijo de Dios es una distinción que me coloca en una posición de autoridad y responsabilidad. En un claro y justo equilibrio de privilegios y obligaciones. Pensemos en esto mientras leemos el siguiente pasaje en la carta de Efesios, fíjate con atención la comparación que allí se describe:
19 Por eso, ustedes ya no son extranjeros, ya no están fuera de su tierra, sino que ahora comparten con el pueblo santo los mismos derechos, y son miembros de la familia de Dios. 20 Ustedes son como un edificio levantado sobre los fundamentos que son los apóstoles y los profetas, y Jesucristo mismo es la piedra principal. 21 En Cristo, todo el edificio va levantándose en todas y cada una de sus partes, hasta llegar a ser, en el Señor, un templo santo. 22 En él también ustedes se unen todos entre sí para llegar a ser un templo en el cual Dios vive por medio de su Espíritu. Efesios 2:19-22 DHH.
Además, es interesante recalcar que, al ser aceptado como hijo de Dios, automáticamente tengo un lugar en el cielo junto a mi Padre Santo. Fijémonos lo que dice San Juan en la siguiente cita. “En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar. 3 Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar.” Juan 14:2-3 DHH.
Dios ha venido a darnos, lo que nadie puede quitarnos. La distinción de ser hijos suyos al ser aceptados por medio del sacrificio que Cristo hizo en la cruz. Además, una morada en el cielo.
Ser aceptado como hijo de Dios, no es cualquier cosa. Tanto así, que antes podías sentirte solo, pero hoy ya no, pues tienes un Padre Santo que te protege y a quien acudir en todo tiempo y frente a cualquier necesidad. Dios es el Padre Santo que te ama y demuestra interés por ti. Reflexiona en la siguiente declaración liberadora de Jesús: 25 »Les he dicho estas cosas poniéndoles comparaciones; pero viene la hora en que ya no les pondré más comparaciones, sino que les hablaré claramente acerca del Padre. 26 Aquel día, ustedes le pedirán en mi nombre; y no digo que yo voy a rogar por ustedes al Padre, 27 porque el Padre mismo los ama. Los ama porque ustedes me aman a mí, y porque han creído que yo he venido de Dios. Juan 16:25-27 DHH.
No existe nada mas liberador que el amor de Dios. El Señor nos libra de toda nuestra incertidumbre diaria al sabernos amados por El.
Dios es quien creó el universo, lo hizo todo
pensando en darnos un lugar donde vivir. Nuestro Padre Santo es bueno todo el
tiempo. De eso no hay duda.
Ahora hablemos de Su Bondad. Leamos el verso 6: “Esto lo hizo para que alabemos siempre a Dios por su gloriosa bondad, con la cual nos bendijo mediante su amado Hijo.”
Esto significa que Dios nos a extendido bien y no mal. Su bondad es mas fuerte y el tiene un compromiso consigo mismo de hacernos bien. El a decidido hacia el interior de la Trinidad, no tratarnos como merecemos sino darnos la oportunidad de ser hallados justos en Cristo. Por el sacrificio de Jesús en la montaña de la calavera. Por eso es de vital importancia estar unidos a Cristo por el nuevo nacimiento, ósea aceptarlo como Señor y Salvador.
Es posible que tu te identifiques como muchos hoy día, rechazados por el sistema de este mundo decadente. Pero Dios sabe cómo te sientes, justo ahora, por eso te ha extendido Su Bondad. Aceptándote, aun antes de haber recibido a Cristo como Señor y Salvador. Romanos 5:8 DHH Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
Cristo se muestra bueno hacia ti porque eres muy
valioso e importante para El. Y lo demostró dando su vida por ti y por mí. Un
precio bastante elevado, imposible de igualar.
Dios te ve con fe y así debes verte tú también. El sabe lo que va a hacer con tu vida. ¡Confiemos en el Señor!
Nos vemos el lunes. ¡Un abrazo!

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